Bojack Horseman, temporada 1–reseña.

Una comedia con una dosis sorpresiva de drama.

La fama puede traerte mucha felicidad. Sin embargo, también se puede dar un sentido profundo de soledad, olvido o vacío existencial cuando esta ilusión de compañía se pierde.

Quién diría que Bojack Horseman, una tragicomedia sobre el mundo de la farándula, disfrazada de caricatura para adultos, pudiera una resonancia emotiva tan impactante. 

Al ser una comedia también, la serie de Netflix no se olvida de traer risas al espectador, porque, en sí, la premisa pinta para dar gracia: un caballo actor contrata a una biógrafa para escribir sus historia de vida, en una ciudad donde coexisten animales y humanos, viviendo en armonía. 

Will Arnet hace un excelente trabajo como “Bojack Horseman”.

A pesar de su tono humorístico, el programa es más maduro de lo percibido. A través de personajes complejos, junto con algunos simples (para causar risa, no está de más), la historia explora de manera crítica la depresión, el sentido de la vida, la crisis de mediana edad, etcétera. Un inteligente guión, además de un elenco vocal bastante bueno (sobre todo Will Arnet como Bojack y Aarón Paul como Todd), le dan realismo a las situaciones de la serie, pese a ser dibujos animados.

A veces, como se acostumbra en este tipo de programas, momentos deprimentes son tomados a burla, o algunos chistes son forzados. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, Bojack Horseman logra hacer un gran balance entre lo melancólico y lo irreverente. 

Las primeras tres temporadas de la serie están disponibles en Netflix.

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