Más allá de un suspiro–cuento

Una mujer enfrenta sus problemas.

Ella sabía que lo observaba, pero se hacía tonta; no quería aceptar el profundo amor que sentía por él.

No quería admitir que, aquella tarde fría de Noviembre, cuando se estrecharon la mano por primera vez, había sentido un cosquilleo en su mano y se le erizaban los vellos de la piel. No deseaba autorizar cómo esos mensajes de texto en su celular provocaran su sudor y le hicieran exhalar un gemido de alegría. Trataba de ignorar como, esa tarde cálida de Diciembre, él la sostuvo en sus brazos, y le recordó lo mucho que valía, lo bella que era, y que jamás estaría sola. Negaría ese hecho de un oscuro Febrero, cuando él le reclamaba porqué se juntaba tanto con su primo, y ella sólo sucumbía al llanto. Se haría la ignorante de esos días llenos de golpes y luego besos, gritos ahogados y luego suspiros, violencia y después pasión, reclamos seguidos por perdones.

Ella sabía que lo observaba, pero se hacía tonta; no quería regresar a sus insultos y golpes, pero estaba dispuesta a aguantar todo eso por los últimos minutos, llenos de amor, alegría y felicidad.

A su modo de pensar, el castigo viene siempre antes del premio, el sacrificio antes de la victoria, el odio antes del amor; y sabía, sobre todas las cosas, un oscuro secreto: nunca amaría tanto a alguien como lo ama a él.

Por Santiago Guerra

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