“Mad Men”–análisis del final (SPOILERS)

Don Draper por fin encuentra su lugar feliz.

Mad Men, una de las series favoritas de la crítica, llegó a su fin esta semana.

Es muy difícil acertar con un final, sobre todo si tomas en cuenta una comunidad de fanáticos muy activa.

En mi opinión, el último episodio acertó, aunque se sintió distinto a la oscuridad y “golpes reales” de la serie. Pero definitivamente dio un cierre apropiado a muchas historias. Incluso a la más enigmática de todas: la del magnate Don Draper/Dick Whitman.


Joan demostró su prioridad por el trabajo al dejar a Richard por una agencia de producción.

Hace dos episodios, se demostró sentido a su lucha: no por las mujeres, sino por su bienestar laboral. Ella ya había puesto con anterioridad su respeto e integridad por encima del dinero o de los deseos de los hombres (menos en esa controversial ocasión en la temporada 5, todavía debatida), y mantuvo su filosofía. Tal vez acabó sola, pero no infeliz.

Joan escogió su integridad sobre cualquier cosa.

Peggy encontró el amor. O por lo menos se percató de él.

Ella nunca ha sido experta en esos temas, sin embargo es su prioridad junto con el trabajo.

Ella no se deja de los hombres, sin embargo no le gusta estar sola, sufre cada día más por ese sentimiento.

Además, ella está más acostumbrada que Joan al maltrato femenino, y ha estado mucho tiempo en el negocio como para saber cómo persuadirlos para obtener ascensos. 1980 parece muy lejano para llegar a ser la jefa; seguro lo logrará mucho antes.

Peggy ama, sin temor a decirlo.

¿Durará su relación con Stan? Tal vez no, aunque por ahora todo pinta de maravilla.

Roger encontró a alguien tan o más salvaje como él.

Siempre ha sido fanático de las aventuras, por eso se divorció de Mona, no obstante la juventud y las drogas fue un límite demasiado extremo para él.

En Marie encontró el balance perfecto.

A pesar de no haber podido salvar la empresa, su mandato continúa en Mcann Erickson.

Él está en un muy buen lugar ahora.

Roger consigue un final de cuento.

Pete logró cambiar sus hábitos.

Todo el tiempo quiso ser como Don (o como aparentaba serlo), siendo una metáfora del consumidor amargado, frustrado e insoportable, incapaz de satisfacer sus necesidades con un producto, a pesar de lo dicho por la publicidad.

Sin embargo, California logró cambiarlo y volverlo más simpático. En esta temporada sólo lo hemos visto ser lindo con otras personas (sus palabras a Joan en el taxi, el brindis con los socios, su discurso de despedida a Peggy).

Eso le hizo darse cuenta de su amor por Trudy: no debía buscar lo vendido por los demás, él ya tenía la vida perfecta.

Pete está contento consigo mismo.

Betty tuvo una grave consecuencia a todos sus actos.

Su ansiedad y depresión por nunca estar realmente feliz la llevaron a un cáncer de pulmón.

Me entristeció y sorprendió mucho este final.

A mí Betty me parece un personaje frío por fuera pero solo y necesitado de amor por dentro. Con Henry se ganó la lotería, pero de todas maneras seguía siendo controlada.

Tal vez eso haya sido lo único bueno de su diagnóstico: por fin ella toma las riendas de su propia vida, haciendo las cosas a su modo, estudiando una de sus pasiones. Nunca es tarde para cumplir tus sueños, dicen.

Sin embargo, sus labores maternas son atroces, y su actitud por no querer hacer tratamientos sólo desatan más sus defectos, su obsesión por la belleza y su carrera frustrada como modelo.

Como vimos en el último capítulo, ella está perdiendo su hermosura, vigor, e interés por las cosas en la vida (a juzgar por la última escena con ella fumando un cigarro y leyendo el periódico).

Betty obtiene libertad de los hombres.

Don, el enigma de la serie.

Durante todo el transcurso del drama lo hemos visto buscando algo, luchando con su doble identidad.

En la última temporada lo hemos observado dejar cosas atrás, primero descubriendo la importancia de su trabajo (pero como jefe, no como subordinado), después la de las relaciones personales, tanto como para los demás como para sí mismo.

La muerte de Rachel Menken (o Katz) representa la redención amorosa de Don: ya no quiere ser salvado, sino ser la salvación.

Por ello la aparición y luego mayor importancia de Diana, sin duda la amante de Don más parecida a él. Ella representa los demonios de Draper; incluso se la pasa huyendo como él.

Don se da cuenta de eso en su búsqueda por el amor: no puede huir toda su vida, ni metafórica ni literalmente.

Sin embargo en este viaje aprende a dejar a Dick Whitman atrás, “salvando” a ese niño estafador. Por eso lo vimos sonreír al final de ese capítulo; por fin pudo librarse de esos tormentos, o por lo menos soportar vivir con ellos.

En el final, cuando llega a este retiro, comprende por fin: él no está solo, muchas personas se sienten como él. Al tener esas intensas llamadas telefónicas con las mujeres más importantes en su vida (Peggy, Betty y Sally), sólo una quiere que regrese a casa; las otras lo podrán querer, más no lo necesitan. Pero Don debe estar un tiempo en este retiro, deshacerse de todas sus cargas emocionales y ser feliz.

Al final, cuando está meditando, lo vemos finalmente en paz. Con el comercial de Coca-Cola en el epílogo nos dan a entender cómo la experiencia inspiró a Don, y lo hará regresar a Mcann como un hombre completamente nuevo: en paz consigo mismo.

Don consigue su mayor anhelo: aceptar a Dick en su vida.

La serie Mad Men dejó un gran séquito de seguidores, además de un muy buen sabor de boca. Para mí es sin duda una de las series más poéticas y sentimentales de nuestros tiempos. La extrañaré demasiado, sinceramente.

Por Santiago Guerra

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