Mad Men: El fin de una era para todos.

Es una excelente serie. Sin embargo, como todas, se irá esfumando su furor con el paso de los años.

Nostalgia. Algo doloroso casi siempre.

No podemos regresar a donde estábamos (por más que uno quiera). Y tal vez puedas tratar de revivir el momento en tu mente, o tratar de dar un “borrón y cuenta nueva”, pero simplemente no será lo mismo a la primera vez.

Ese sentimiento llega a mí cada vez, cuando vuelvo a ver un episodio de la extraordinaria “Mad Men”; sí, es muy buena serie y, poniéndole atención, puedo encontrarle a cada capítulo cosas nuevas y distintas, pero jamás se comparará a la emoción, adrenalina y a la experiencia de ver cada momento del programa por primera vez (es una historia tan rica, con personajes sumamente interesantes y complejos). Me da tristeza pensar en la cercanía del final, pero todo debe terminarse en algún momento, y sobre todo (casi siempre), las cosas buenas saben cuándo terminar. Me provoca angustia, desesperación y cierta amargura saber los días de mi “última primera vez”.

Y aunque podré seguir disfrutando de esta magnífica obra cinematográfica hecha para la televisión en la comodidad de mi cuarto (tengo casi todas las temporadas en DVD o Blu Ray), les reitero, no será lo mismo.

Sin embargo, con una serie tan extraordinaria también se pueden obtener varias cosas increíbles y tesoros escondidos al verla por segunda o tercera ocasión: más profundidad en la época, más empatía (u odio) hacia los personajes, sus intereses y su contexto, más conocimiento sobre la escandalosa época de la década de 1960 en Estados Unidos, y más comprensión a la extensa colección de metáforas y simbolismos (unos muy ocultos y otros no tanto).

¿Cómo es posible tanto contenido y exploración en un producto televisivo? Pues así es la magia de Mathew Weiner: ambientado en la controversial década de 1960 en Estados Unidos, trata sobre las vidas de los trabajadores en una agencia de publicidad (incluyendo también sus parientes, esposos e hijos).

A lo largo de 7 temporadas los personajes se han fortalecido y debilitado, caído y levantado; pero sobre todo han cambiado: de ser una esposa sufrida a ser una matriarca más fuerte y con determinación (Betty), de ser un engreído ambicioso a ser un engreído pero fiel compañero (Pete), o de ser un magnate de la publicidad misógino y alcohólico a ser un hombre dispuesto a cambiar pero con tendencias depresivas a causa de su pasado (Don Draper, el misterioso eje del programa).

Pero lo interesante de estos personajes (y de los seres humanos en la vida real) es que, en esencia, siguen siendo los mismos a pesar de querer cambiar.

Este domingo, cuando “Mad Men” termine, sabremos cuál es el destino de estos seres ficticios y si de verdad pudieron cambiar y modernizarse o se quedaron estancados en “los 60”.

Otros aspectos muy interesantes de la serie son su excelente fotografía, su impecable diseño de producción y el excelente y apasionante guión. No por nada le revista Rolling Stone lo corona como “el mejor drama de todos los tiempos”.

Además, el hecho de tener la historia en una agencia de publicidad nos adentra en una situación profunda y psicológica a través de los slogans de las campañas publicitarias en las que están trabajando los magnates de la empresa Sterling Cooper.

La campaña publicitaria de los últimos episodios (sin dar ningún adelanto) menciona a “Mad Men” y el “Fin De Una Era”, por dar fin a la década de los años 60.

Asimismo se termina “una era” para los fanáticos de la televisión (y probablemente para “la era dorada de la televisión”). Con “Mad Men” es simple: o no te gusta o la amas; existe incluso gente muy agitada en línea, dando análisis de cada capítulo (y sí hay mucho por sacar, en base a los ya leídos) y sacando cosas bastante interesantes (incluso varios medios importantes como The Guardian se dan a la tarea de hacerlo).

Los seguidores podrán revivir los episodios cuando quieran en la comodidad de su hogar, claro. Sin embargo todo ese furor y pasión compartida se irá desvaneciendo, así como la cultura de los años 60 se iba olvidando cuando llega la década de los 70. Será un clásico siempre, mas sus debates y comentarios, aunque sí seguirán, serán cada vez menos comunes.

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